Helmut Haller nació el 21 de julio de 1939 en Augsburgo, Alemania, una ciudad que años más tarde se rendiría por completo ante su talento y carisma futbolístico. Creció en la dura época de la posguerra y encontró en el balón su mayor refugio, dando sus primeros pasos profesionales en el BC Augsburg en 1957, donde rápidamente destacó por ser un mediapunta con una visión de juego y una técnica exquisita que parecían adelantadas a su tiempo.
Su gran nivel en el fútbol local llamó la atención internacional y en 1962 tomó una decisión revolucionaria para la época al mudarse a la exigente Serie A de Italia, convirtiéndose en uno de los primeros futbolistas germanos en triunfar en el extranjero. Su primera parada en el Calcio fue el Bologna FC, club donde se transformó en el motor absoluto del equipo a lo largo de seis temporadas en las que disputó 295 partidos y anotó 80 goles.
Esta brillante etapa llamó la atención de la prestigiosa Juventus de Turín, que lo fichó en 1968; vistiendo la camiseta de la Vecchia Signora jugó 170 encuentros, marcó 32 goles y aportó la cuota de elegancia necesaria.
En el verano de 1973, con casi 34 años y tras rechazar lucrativas ofertas para seguir en la élite italiana, Haller decidió que era momento de volver a casa y fichó por el modesto FC Augsburgo, que en ese momento militaba en la segunda división alemana.
Su regreso desató una locura colectiva conocida como la «Haller-Manía», un fenómeno social y deportivo que transformó por completo al club de su tierra natal y llenó los estadios a niveles nunca antes vistos en la categoría de plata.
En el verano de 1973, su tremenda popularidad provocó que un partido de segunda división entre el Augsburgo y el TSV Múnich 1860 en el Estadio Olímpico de Múnich atrajera a más de 90,000 espectadores (algunas fuentes estiman cerca de 100,000). Las colas kilométricas y los fanáticos derribando vallas para entrar sin entrada establecieron un récord mundial para un partido de plata.
El mediapunta continuó jugando allí hasta 1979, con un breve paso intermedio por el BSV Schwenningen, cerrando una trayectoria legendaria en el mismo lugar que lo vio nacer. A lo largo de esta impresionante carrera, Haller cosechó un palmarés envidiable que incluyó tres títulos de la Serie A de Italia, ganando el primero con el histórico Bolonia de 1964 y completando un bicampeonato liguero con la Juventus en las temporadas 1971/72 y 1972/73.
A nivel internacional, defendió la camiseta de la Selección de Alemania Occidental en tres Copas del Mundo consecutivas, jugando en Chile 1962, Inglaterra 1966 y México 1970, sumando un total de 33 partidos internacionales y 13 goles, entre los cuales destaca haber alcanzado el subcampeonato mundial en la mítica cita de 1966, donde anotó el primer tanto en la final ante Inglaterra.
Al terminar esa final de 1966, Haller se guardó el balón del partido y se lo llevó a Alemania. Lo conservó en su casa durante 30 años hasta que en 1996 lo devolvió a Inglaterra en un acto público antes de la Eurocopa.
Quienes compartieron vestuario con él recuerdan que llegó a su primer entrenamiento en Augsburgo manejando un llamativo Porsche verde con techo negro. Además, era conocida su costumbre informal de fumarse un cigarrillo durante el entretiempo para calmar los nervios.
Helmut Haller falleció el 11 de octubre de 2012 a los 73 años en su amada Augsburgo, dejando un vacío inmenso pero un legado imborrable como el primer gran embajador moderno del fútbol alemán.
Antony Callero